
Miroaver nace de una historia que empieza mucho antes de la marca.
Nace en la infancia de una niña criada por muchas manos, pero sobre todo por mujeres.
Creció rodeada de su bisabuela, su abuela y abuelo maternos, sus hermanos, su familia, tías y primas… un hogar sostenido por el cuidado colectivo mientras sus padres trabajaban. Viene de un linaje femenino fuerte, de un matriarcado donde el hacer con las manos era parte de la vida.
Sus abuelas eran modistas.
Y entre costales de telas, retazos y agujas, empezó a crear.
De niña hacía vestidos para muñecas, confeccionaba las cortinas, las fundas, las cobijas de la casa de las muñecas. Sin dejar de lado que, siempre que podía, se metía a la cocina a ayudar y, cuando no podía, creaba alimentos con plastilina. Con el tiempo, esos juegos se transformaron en objetos más útiles: bolsos, neceseres, arreglos de ropa, camisetas, tops, pijamas, piezas que nacían de una necesidad. Porque siempre fue así: cuando sentía que deseaba algo, lo creaba. Era su forma de habitar el mundo.
Aunque muchas veces le dijeron que eran “trapos” o “pedazos”, siempre hubo una intención clara: hacer para usar.
Años después, al llegar a Medellín, Colombia, surge la necesidad de independizarse.
Y este proyecto aparece como un camino: no solo económico, sino también una forma de exteriorizar por medio del arte esos sentires reprimidos.
Miroaver es una búsqueda.
De volver a lo artesanal, a lo análogo, a los procesos lentos y conscientes.
De recordar que en casa también se puede crear, reparar, cocinar y cuidar.
De entender que no todo se compra, que muchas cosas pueden hacerse con las manos.
Es también una postura frente al mundo: usar lo que ya existe, evitar el exceso, ser conscientes con los materiales, reducir el desperdicio y habitar de forma más sostenible.
Gracias por leerme y creer en mi.
No se imaginan el amor que estoy sintiendo y las ganas que tengo por crear.
Con amor,
